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Inicio/Colaboraciones/Galo Ghigliotto: «Finalmente, los muertos nunca terminan de irse»
Colaboraciones

Galo Ghigliotto: «Finalmente, los muertos nunca terminan de irse»

Joaquín Escobar
Por Joaquín Escobar
Agosto 1, 2026 5 Min de lectura
Lecturas: 38

 

Galo Ghigliotto publicó hace pocas semanas Su cadáver avanza hacia el mar, su nuevo libro de relatos. Violencia, acantilados, orfanatos, peluquerías, huesos y fantasmas que insisten en golpear la puerta, son algunos de los insumos con los que trabaja el autor chileno. En revista Lector conversamos sobre esta narrativa del eterno retorno.

 

En muchos pasajes del libro hay cuerpos descompuestos, fragmentados, mutilados, incompletos. Me parece que en ese gesto podemos leer la violencia política-social que ejerce el poder, en sus amplias formas, sobre los seres humanos.

El tema de la violencia es algo que me cautiva especialmente porque para mí es una muestra de la fantasía de la evolución humana; es un espacio oscuro que todavía no ha sido conquistado por la luz de la razón y responde a acciones muy básicas del funcionamiento social. Por supuesto, su mayor expresión es darle muerte a otros seres, pero existe una larga escala antes de llegar ahí. En el cuento «Los atropellos», estos están puestos de forma metafórica en la persona de un pequeño empresario para pensar de qué manera el capitalismo es una expresión máxima de esa violencia: una reacción humana autocentrada, que no mide consecuencias ni piensa en el otro, y que nos hace actuar de formas insospechadas.

 

En tus cuentos los muertos viven un eterno retorno.

Creo que es así porque, finalmente, los muertos nunca terminan de irse. A partir de tu pregunta pienso que ahí está la razón inconsciente por la cual elegimos el título Su cadáver avanza hacia el mar: nuestros muertos están avanzando permanentemente, pero sin llegar a un destino claro. La muerte de ellos solo se acaba junto con la nuestra, en el momento en que termina el recuerdo. Sin embargo, la cadena sigue, porque quienes nos recuerden a nosotros nos van a tener presentes y harán que el recorrido de nuestras muertes se siga expandiendo.

 

En el cuento Norma, el papá del narrador dijo: «Voy a comprar y vuelvo». No volvió más, abandonó la vida que llevaba y sus hijos se criaron sin un padre. El docente Rodrigo Cánovas realizó una investigación en la que sostenía que la gran mayoría de los personajes de la literatura chilena se criaron sin un papá (Heredia, Aniceto Hevia). La orfandad como un símbolo del país.

Me parece que la idea que plantea Cánovas es acertada y no se restringe solo a la literatura, sino también a la historia del país. El estudio de Sonia Montecino, Madres y huachos, da cuenta de esa tradición del abandono en la que los hombres desaparecen y dejan a las mujeres como únicas responsables de los hijos.

Hay una novela que aborda esto de forma muy interesante, donde aparece un niño abandonado, de José Miguel Varas. En ella, el protagonista —un aventurero— se involucra con una mujer pero decide no quedarse. Cuando finalmente regresa porque entiende que quiere compartir su vida con ella, descubre que ha sido madre en su ausencia y se enfrenta a la decisión de asumir o no el rol de padrastro. Ahí vemos la otra cara de la moneda: por un lado, las madres alineadas con la tesis de Sonia Montecino asumiendo ambos roles; por otro, el hombre que voluntariamente, por amor o por deseo de formar familia, se hace cargo de hijos que no son suyos o que han sido abandonados.

Otra referencia, fuera de la literatura chilena, es El nido de la serpiente, del escritor cubano Pedro Juan Gutiérrez. Ahí el protagonista conoce a un vecino a quien le atribuye una paternidad muy fuerte y responsable como reacción directa al abandono de su propio padre. La orfandad y el abandono son recurrentes en la literatura simplemente porque son profundos y recurrentes en la vida.

 

En tus cuentos los lugares son espacios que narran. Una peluquería con fotos de otra época, un orfanato, un acantilado con huesos.

Tengo la convicción como escritor de que los lugares también son personajes. Cada vez que escribo, los trato como agentes que participan de la acción. Tienen atribuciones e influyen directamente en el comportamiento de los personajes, confiriéndoles ciertas características según sus condiciones. Los lugares no son neutros, tienen mucho que aportar.

Un internado, por ejemplo, ofrece un contexto de encierro donde los niños dependen exclusivamente del cuidado de los sacerdotes; un abismo lleno de huesos es un espacio que narra por sí solo las muertes ocurridas allí; o una casa con una historia terrorífica da cuenta de hechos macabros pasados e incluso empuja a que ocurran otros nuevos. El lugar ofrece una interacción viva con el personaje, y ese cruce es algo que me interesa explorar particularmente.

 

El cuento que más me gustó fue «Mi novia no tenía vagina», ¿cómo surgió? ¿Cuál fue el puntapié inicial de este relato?

Gracias por la lectura. Explicar demasiado un cuento a veces puede restarle misterio, pero el relato aborda la idea de trasladar el poder. Siempre me ha parecido que el hongo atómico es una expresión de la masculinidad y de lo destructiva que esta puede llegar a ser. Incluso la composición anatómica de nuestros cuerpos involucra una compatibilidad en la cual hay un arma y una herida. La pregunta que me planteé al escribirlo fue: ¿qué pasa cuando no existe la posibilidad de una herida? Fue esa idea de revertir o bloquear totalmente esa forma tradicional de vinculación la que me llevó a explorarla narrativamente.

 

¿En qué te encuentras trabajando actualmente? ¿Se vienen nuevas publicaciones?

En este momento estoy concentrado en la reedición de El museo de la bruma, que aparecerá en España y posteriormente en México. A la par, tengo un proyecto narrativo en el que llevo mucho tiempo trabajando y que abandono periódicamente, no solo porque se me ha hecho difícil de encauzar, sino también por la carga laboral y una vida familiar muy intensa con mis hijos. Mientras tanto, me remito a escribir poesía; de hecho, me gustaría reeditar un poemario que publiqué en 2016 llamado Mono Super. Sigo en el intento de concluir esa novela a la que le he dedicado tantas páginas y tiempo; no sé cuánto me va a tomar, pero considerando que tardé 7 años en volver a publicar, no tengo demasiado apuro.

 

Etiquetas:

Cuentos chilenosGalo GhigliottoSu cadáver avanza hacia el mar
Joaquín Escobar
Por autor

Joaquín Escobar

Joaquín Escobar (1986). Escritor, sociólogo y magíster en literatura latinoamericana. Es autor de los libros de cuentos Se vende humo y Cotillón en el capitalismo tardío, ambos con la editorial Narrativa Punto Aparte.

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