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Inicio/Entrevistas/Sebastián Castillo:«Una de las cosas que teníamos muy claras con Camile es que esta obra no fuera impositiva»
Entrevistas

Sebastián Castillo:«Una de las cosas que teníamos muy claras con Camile es que esta obra no fuera impositiva»

Iván Martínez Berríos
Por Iván Martínez Berríos
Julio 30, 2026 11 Min de lectura
Lecturas: 68

 

Sebastián Castillo, editor a la cabeza de Pez Arbóreo, se juntó con el ilustrador Camile Jerez, quien lo invitó a participar en la escritura de los textos de Era invierno cuando ocurrió, obra que partió como un fanzine y tuvo un interesante recorrido hasta convertirse en libro. De ese camino compartido conversamos con Sebastián para Lector.cl.

 

Sebastián, tienes una larga trayectoria como editor y guionista de cómics, ¿qué te lleva a la escritura de esta delicada reflexión sobre el duelo?

Fue un regalo bien bonito haber terminado siendo parte de esta obra. Hace muchos años atrás, Camile publicó Era invierno cuando ocurrió en formato fanzine y desde ese instante me gustó muchísimo. En esa época ya nos conocíamos y le propuse la idea de llevarlo a formato libro. Siempre he dicho lo mismo: me encantan los distintos formatos o maneras que tiene una obra para ser presentada al lector en forma impresa, y el del fanzine de hecho me gusta mucho, sin embargo el llevarlo a libro para mí significaba también poder jugar con la materialidad, con las dimensiones y otros procesos editoriales que en su momento me parecieron súper interesantes como tratamiento para ese relato. A Camile le gustó la idea y comenzamos a lo que comúnmente digo para estos casos, pimponear la obra. En ese proceso llegamos a la idea de postular el proyecto al Fondo del Libro, cosa de también poder aspirar a un mayor tiraje. Y a medida que por diversas razones no nos ganábamos el Fondo, surgió la posibilidad de que me hiciera cargo de la escritura, algo a lo que generosamente Camile también aceptó. A partir de ahí, se inició un camino paralelo creativo en que ambos profundizábamos en el desarrollo de cada aspecto de esta obra, textos e ilustraciones.

 

¿Cómo lograste conectar con una obra concebida por otro autor?

Gracias a mi labor como editor, precisamente. Resulta que cuando nació Pezarbóreo, mi intención era alternar roles entre editor y guionista, pero muy pronto lo primero demandaba tanta dedicación, que terminó por absorber lo segundo. Y esto es debido a que como partí haciendo cómics desde la labor de guionista, sabía lo mucho que significa para un autor su obra, por lo que desde un inicio me he preocupado de ser lo más respetuoso con el trabajo que tengo frente a mí, pero también honrando a la aceptación de que el autor permita que alguien ajeno a su obra “meta mano”, también me esfuerzo por zambullirme en ella —en lo personal me gusta mucho esa metáfora para describir lo que para mí representa el trabajo de editor— a fin de conectar en lo más profundo con lo que el autor quiere expresar. Al tener ambas miradas bien desarrolladas, la autoral y la editorial, puedo entrar en una obra buscando el máximo potencial que pueda tener y luego salir de ella para analizarla con distancia y a partir de ahí, realizar las propuestas que me parecen son las que se deberían trabajar y aplicar en conjunto con el autor para alcanzar ese fin. Es por eso, que de alguna manera, no me significó mayor problema sintonizar con Era invierno cuando ocurrió, sobre todo porque además, ya desde su primera lectura, resonó con fuerza en mi persona.

 

¿Cómo trabajaron con Camile el desarrollo la historia?

Como ya existía una versión primaria, la original, el marco de acción estaba súper nítido y era cosa de mantenerse en sintonía con ese relato para ir avanzando. Y además como llevábamos tanto tiempo trabajando en esta obra, el fiato entre ambos era muy robusto, por lo que no hubo necesidad de darnos mayores directrices, al punto que a veces de forma esporádica nos mostrábamos nuestros respectivos avances y era darnos cuenta que todo fluía muy bien. Sí en algunos momentos hubo algunas modificaciones de acuerdo a los comentarios que nos hacíamos de un lado hacia el otro, pero eran instancias muy puntuales y estaban más en la línea de afinar o pulir ciertos aspectos.

 

¿Cómo llegaron a un punto de encuentro en la reflexión de un tema tan íntimo como el dolor?

Camile en algún momento también lo ha planteado, y es que ambos tenemos sensibilidades parecidas y tanto con los años de amistad sumado al tiempo que llevábamos trabajando en Era invierno cuando ocurrió, hizo que esas reflexiones emanaran de forma muy natural y muy sincrónicas. Y ese punto de encuentro que mencionas y que inicialmente se configuró cuando abordamos la obra como autor y editor respectivamente, se transformó en un nuevo punto de encuentro pero esta vez a través de nuestras miradas creativas y autorales, el que se consolidó con esta versión que es la que se ha publicado ahora.

 

Era invierno cuando ocurrió abre una profunda reflexión sobre la resiliencia, ¿qué esperarían como autores que su historia provocara en un lector?

Agradezco montones lo que comentas, pues una de las cosas que teníamos muy claras con Camile es que esta obra no fuera impositiva en cuanto a cómo alguien debería afrontar una experiencia como la que se describe en ella. Tampoco pretende ofrecer respuestas tajantes ni absolutas y todo eso permite que puedan emanar distintas interpretaciones a partir de su lectura. Una es la resiliencia, por supuesto. Otra es la aceptación, pero no desde la conformidad, sino desde el amor y el entendimiento más genuino y puro. Ahora, respecto a tu pregunta, sería hermoso si Era invierno cuando ocurrió sirve para acompañar a alguien que pueda sentirse interpelado por lo que la obra expone; si logra propiciar un diálogo –ya sea de forma interna así como con otros– sobre las emociones contenidas producto de una ausencia, un duelo, una pérdida; y sobre todo, lo que más me encantaría que ocurriera, es que se abrieran instancias de reflexión para abordar estas experiencias que son inherentes a la existencia humana, de tal manera que cada persona pueda encontrar –o al menos iniciar un recorrido hacia– respuestas que permitan darle sentido a nuestro propio vivir, porque al menos en mi caso, soy un convencido que la vida, con las más bellas alegrías y los más dolorosos sinsabores, tiene un sentido profundo y trascendente.

 

Era invierno… es el viaje de un adulto que retorna a la infancia para enfrentar un trauma doloroso, ¿cómo crees que un relato como éste podría ayudar a un niño a sobrellevar una experiencia similar aún estando en la infancia?

Como decía recién, creo que podría ayudar si logra acompañarlo en su vivencia. Pero en el caso de la niñez, creo que es tanto o más importante, si esta o cualquier obra permite que ese niño o niña pueda hablar de lo que está experimentando, incluso si en una primera instancia no tiene o no logra encontrar las palabras adecuadas para describirlo. En la medida que hay un otro que comienza validando lo que se está compartiendo para luego descifrar en conjunto –en caso que se requiera– esa vorágine de emociones y sentires que remecen al niño o la niña, se puede tender un puente que posibilite acercarse a esa vivencia y desde ahí ver qué próximos pasos se pueden ir dando.

 

Otra lectura que podríamos hacer de este relato es sobre el abandono de la infancia y el paso hacia la adultez, que es donde finalmente parecemos estar listos para enfrentar el pasado. Desde tu mirada, ¿qué es aquello que nos impide soltar aquellas cosas que nos mantienen en ese estado de invierno permanente?

Acá también me gusta mucho tu reflexión, porque precisamente pareciese existir una idea generalizada de que solo siendo adultos estamos en condiciones de afrontar un dolor y yo sostengo que eso puede ocurrir a cualquier edad, incluso en la niñez. Ahora, por supuesto, el pasado de un niño o niña es bastante distinto al pasado de un adulto, en todo sentido, pero en definitiva la niñez no es impedimento para que alguien pueda ser resiliente. Incluso, ligándolo con tu pregunta, me atrevería a decir que los niños y niñas tienen una mayor capacidad para soltar y seguir adelante. Ahora, respondiendo a la misma, y entendiendo que cada quien es un mundo propio, por lo que no hay respuestas universales y únicas, creo que en la dualidad de razón y emoción, no soltamos aquello que nos mantiene en un estado de tristeza o de dolor o de soledad o de duelo debido a que no lo resolvemos desde lo emocional, precisamente. Porque a mi juicio es la razón la que le da sentido a la experiencia, pero es la emoción –cuando ya podemos adentrarnos en ella sin que nos provoque daño– la que permite decidir cómo abordamos lo que sentimos a partir de lo que esa experiencia nos provocó. Y esa decisión puede significar aprender a convivir con esos sentimientos y llevarlos consigo, o puede significar el descubrir que hemos superado esa experiencia, por lo que aquellos sentimientos ya no duelen. Ambas decisiones –porque finalmente son decisiones, creo yo– o cualquier otra que pueda surgir, son absolutamente válidas. No hay una decisión buena ni una mala.

 

Una atenta mirada a las ilustraciones nos habla también de temas relevantes, como el contraste entre el hogar de infancia del protagonista y los espacios que habita en su vida adulta, ¿dónde realmente es más fría la existencia?¿qué mensaje nos entrega acerca de la familia?

Respecto a lo que señalas, la obra se construye en base a distintos imaginarios y simbolismos, permitiendo variadas lecturas y capas de interpretación. Una de ellas, por ejemplo, es la que mencionas. El hogar de la infancia del protagonista estaba enmarcada en un entorno gélido, pero de acuerdo a lo que sus memorias preservan, era de una calidez que después se vuelve añorada gracias a todo lo que vivió con su familia. Luego, la ciudad se presenta como un espacio inhóspito y helado, más que el invierno, incluso. Y para mí, un lugar es más frío simbólicamente cuando no tiene una flama que lo acompañe e ilumine. Esa flama puede estar presente en forma de compañía; puede ser el sentir un lugar como propio y llamarlo hogar; puede ser también aquello que te da alegría, aquello que te deja ser tal cual eres; puede ser el estar en paz contigo y con tu propia historia de vida. Hay muchas cosas que pueden iluminar y dar calidez a nuestra existencia. Ahora, en cuanto a la familia, creo que es algo que también está bastante abierto a relecturas y eso permite que pueda resonar y ser interpretado distinto según la historia vital de quien lee Era invierno cuando ocurrió, sin embargo diría que el mayor mensaje que representa es que un vínculo (aunque no solamente el familiar) construido férreamente en el amor es indestructible y perenne.

 

Cómo llegaron a establecer por ejemplo los silencios de las páginas o las reiteraciones de objetos que operan a nivel simbólico como la bufanda, ¿cómo se construye una historia tan potente con tan pocos elementos?

En la versión original de Era invierno cuando ocurrió, que era en blanco y negro, la bufanda ya tenía una importancia simbólica en el relato y que evocaba la noción de pérdida, sin embargo con las distintas iteraciones que se fueron dando posteriormente con Camile, surgió la idea de que solo la bufanda tuviera color durante toda la historia y eso inmediatamente agregó una nueva capa metafórica al remarcar y representar “la ausencia que acompaña”, una conceptualización que desde su misma enunciación da cuenta de lo doloroso y difícil que es de entender o asimilar emocionalmente: alguien que aun cuando ya no está, de alguna manera no se aparta de tu lado. Si lo llevamos al ámbito racional es muy paradójico pensar en algo así. Después, posteriores reflexiones creativas de Camile lo llevó a añadir otras tonalidades, sutiles y mínimas, lo que sirvió para representar, por ejemplo, los colores de la infancia, que en determinados momentos del relato adquieren distinto significado. En un punto, evocan el pasado nostálgico y luego en otro, evocan la posibilidad de una apertura que permite mirar el presente y vislumbrar qué puede haber más allá en un futuro. Y en cuanto a los silencios de las páginas, el hecho más impactante del relato ya de por sí era muy desgarrador, por lo que en una meta reflexión dibujarlo se volvía un acto imposible de realizar, emocionalmente hablando. Con esas páginas silentes se pudo evocar esa inconmensurable desdicha sin tener que mostrarla. Pero también ese silencio permite representar cuando alguien queda aniquilado, cuando no hay palabras, cuando la razón colapsa frente a un evento de tal magnitud.

 

La caligrafía cumple un rol también en la comunicación del texto,¿cómo aporta esa elección a la historia?

La razón primigenia de porqué se hizo así es porque Camile siempre ha usado su propia escritura para la elaboración de los distintos fanzines que ha publicado y en definitiva, también cualquier ilustración que hace es acompañándola con su letra, así que tenía el gran deseo de hacerlo igual cuando surgiera la posibilidad de sacar un libro y esta fue la ocasión. Para Camile escribir con su propia letra le permite exponer de mejor manera la emocionalidad que habita en sus ilustraciones y bueno, además, por todo lo que representaba Era invierno cuando ocurrió, calzaba perfecto para transmitir una emocionalidad más íntima, confesional y que diera la sensación de que el relato narrativo de la obra, en una capa superior de interpretación, fungiera a su vez como un relato contado por el protagonista de su boca al lector.

 

En pocas palabras, ¿cómo romperías el hielo con un lector para que se atreva a recorrer estas páginas?

Invitaría a esa persona a que se permita y le dé una oportunidad a este libro (y bueno, a cualquiera en realidad) para que pueda descubrir a través de su lectura qué tiene para ofrecerle. Más allá de que aborde una temática que pueda resonar con lo que está viviendo actualmente, o con lo que pueda haber vivido en algún momento, estoy seguro que dejará un poso que tarde o temprano, va a significarle algo y le dará sentido a alguna de sus vivencias, propiciando un fructífero diálogo entre lo que la obra propone y su mundo interior no solo como lector, sino como persona. Eso es lo hermoso que tienen los libros.

 

Finalmente, la experiencia de la dupla con Camile, ¿qué fue lo mejor y lo peor de compartir decisiones creativas? ¿qué lugar ocupa este relato en tu historia personal y en la de Pezarbóreo?

En nuestro caso no hubo una complicación tal que pudiese haber significado algo así como un aspecto negativo relevante que entorpeciera el proceso creativo. Muy por el contrario, fue tanto el diálogo fluido –por cómo estamos acostumbrados a relacionarnos desde que nos conocemos y debido a un sinfín de conversaciones de todo tipo que hemos mantenido a través de los años–, pero antes que eso, una sintonía tan compenetrada, que esas decisiones fueron consensuadas muy orgánicamente. Como dije antes, fueron sutilezas, pequeños ajustes. Entonces fue como «oye, esto podría ser así», «sí, tienes razón» y listo. En lo personal, agradezco muchísimo a Camile el haberme permitido ser parte de Era invierno cuando ocurrió, porque a diferencia de los primeros años de Pezarbóreo, esta es una época en que vuelvo a reencontrarme con la escritura, la que además con esta obra, me significó salir del ámbito de la creación de guiones de cómic y adentrarme en el terreno de la narrativa, del cuento, algo que por lo demás llevaba un tiempo queriendo desarrollar. Al principio tuve que lidiar con un montón de inseguridades y encontré sumamente desafiante esta forma de escritura, pero sirvió muchísimo para comenzar a entrenar este nuevo músculo, así que espero seguir por esta senda que se ha abierto. En cuanto a Pezarbóreo, desde hace unos años me propuse ampliar el espectro del catálogo editorial y complementar las publicaciones de cómics con libros ilustrados, libros álbum y cualquier publicación que esté ligada a la gráfica y poco a poco ese anhelo se ha ido consolidando. Por último, debo decir que con Era invierno cuando ocurrió me siento muy orgulloso como editor de la publicación resultante, pues todos los aspectos del libro, desde la materialidad pasando por los paratextos y el formato mismo, estuvieron pensados con la intencionalidad de estar al servicio de la experiencia lectora y tienen un sentido específico en la lectura del relato. Me encantaría que quienes lean esta obra puedan descubrir todos esos detalles y enriquecer su propia vivencia con el libro.

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Camile JerezEra invierno cuando ocurrióPez arbóreoSebastián Castillo
Iván Martínez Berríos
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Iván Martínez Berríos

Periodista, Licenciado en Comunicación Social y en Cine Documental. Editor en Plazadeletras, Lector.cl y Trazas Negras.

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