Por Rodrigo Beraud
Según el último Censo Nacional de Mascotas, en Chile existen más de 4 millones de gatos domésticos, una cifra que va en alza y que demuestra que cada vez más personas derriban prejuicios y se animan a tenerlos como animales de compañía. Y claro, no se trata de una presencia cualquiera. Es especial, y me atrevo a afirmar que en la mayoría de los casos genera un profundo vínculo emocional. Así nos lo plantea Marcelo Romero en su nuevo libro La Suite de los gatos y otros cuentos, publicado por editorial Trayecto.
Si bien la presencia gatuna en la literatura es tema, solo basta recordar textos de Julio Cortázar, Ernest Hemingway, Colette, Jean Cocteau, Ursula K. Le Guin, Haruki Murakami o Doris Lessing, donde los felinos aparecen y desaparecen como Pedro por su casa, la obra de Marcelo Romero nos ofrece una galería de cuentos donde los michis son los exclusivos protagonistas, tal como a ellos les gusta ser considerados por sus humanos.
Marcelo Romero ha dado cuenta de su oficio como poeta y escritor. Debutó hace más de 25 años con un poemario, al que le siguió un segundo texto de poesía dos años después. Le siguieron un libro de relatos y una exitosa novela titulada Malditos. En este peregrinar por las letras, el autor ha explorado la cotidianeidad propia de relaciones familiares que muchas veces resulta no ser tal, la convivencia con todos sus bemoles y el lado más sombrío de la vida en pareja: el maltrato y la violencia doméstica.
Por lo anterior, este escritor hace suya la misión de todo buen narrador de visualizar las grietas que subyacen en la vida diaria para hacernos reflexionar sobre aquello que nos deshumaniza. Y aquí, con su libro La Suite de los gatos y otros cuentos, da una vuelta de tuerca a su propósito como escritor, ya que indaga con ojo experto la peculiar relación entre felinos e individuos y establece, paradójicamente, un puente que vitaliza la naturaleza humana de éstos últimos.
Cabe destacar que Marcelo Romero no cae en la repetición de una fórmula probada mediante una propuesta literaria anterior, lo que es muy atractivo en general para los escritores. Al igual como lo hacen nuestros amigos los gatos, fue capaz de detenerse, observar, tantear el entorno, sentir y finalmente dar ese paso significativo que lo lleva hacia una nueva aventura, que podría resumirse como la versatilidad de escribir cuentos, una apuesta siempre arriesgada para quien se desenvuelve en la compleja arena literaria.
En este caso, es capaz de mantener atento al lector con historias muy breves, breves y otras más extensas, agrupadas con natural ingenio en siete capítulos que se presentan como «camadas». Es ahí cuando sortea con seguridad el uso de la palabra precisa, el ritmo adecuado y el remate que sorprende. Llama la atención la simpleza y belleza en el desarrollo de muchos de estos textos. Es un gran mérito del autor decir mucho con poco, demostrando con ello que no es necesaria tanta parafernalia verbal, especialmente cuando se trata de personajes de cuatro patas y bigotes cuya manera de comunicarse es subjetiva e interpretable. Emocionar y llegar al corazón con historias simples pero a la vez intensas se agradece, y mucho.
Otra arista destacable de la obra se refiere a mostrar al felino doméstico tal como éste se manifiesta en nuestras vidas, sin ninguna clase de artificios o de supersticiones que la historia o la magia le han atribuido a través de los siglos. Lugares comunes, en otras palabras. Por un lado los vemos silenciosos, huidizos, interesados, selectivos, autoritarios, molestos e impredecibles. Por otro, cercanos (cuando les da la gana), astutos, perseverantes, autónomos, intrépidos y divertidos.
En síntesis, estamos ante una obra honesta, que demuestra que Marcelo Romero es un autor de recursos, capaz de plasmar en este libro años de observación y cercanía con uno o varios de estos magníficos animales, visualizando detalles del día a día que los lectores sabrán disfrutar y compartir. Asimismo, es una invitación a todos aquellos que sienten escalofríos al tener un gato cerca, instándolos a mirarlos de otro modo, y quien sabe, a dejarlos entrar en sus vidas aunque sea por un rato. Los que amamos a los michis, sabemos que tras unos pocos arrumacos y un ronroneo, nunca más dejarán de amarlos.

Rodrigo Beraud. Periodista, escritor, Magíster en Comunicación Estratégica y Responsabilidad Social. Autor de siete obras literarias, entre ellas: Décima musa, El desacato, Selección de personal y Niño bien.




