Jueves, Septiembre 29, 2022
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Nicolás Cruz Valdivieso: «Mi sensación es que incluso ganando el Apruebo nunca se va a apagar del todo la chispa de la revuelta de octubre».

Foto: Jorge Orellana

 

Nicolás Cruz Valdivieso acaba de publicar Plegarias a la Virgen de la Revolución (Oxímoron, 2022), un diario en el que se documentan los primeros 100 del Estallido Social. En revista Lector conversamos sobre su proceso creativo y la actualidad política del país.

—Me parece que estamos ante un libro documental que narra un momento histórico del país. Está la pluma que observa y registra, la necesidad de hacerse parte mediante la literatura desde la ventana de un departamento.  

—Me gusta el concepto de libro documental, ya que es precisamente lo que intenté hacer en este libro, documentar un momento histórico. En esta suerte de bitácora de escritura del día a día del estallido social, donde observaba y registraba lo que estaba sucediendo en distintos planos de la realidad: en las calles, en las esferas políticas, y en mi propia vida personal. Yo creo que en el libro está la idea de una ventana, aunque es más bien una ventana metafórica para observar la realidad de un país. Aunque también me hace sentido el concepto de trinchera, o de las distintas trincheras que todos los que vivimos el estallido social en la zona cero tuvimos que elegir. La primera es sin duda la calle, dónde se estaba fraguando la lucha. La segunda el escritorio, el lugar del escritor, donde la batalla era dejar constancia y registro de las múltiples realidades simultáneas que estaban teniendo lugar, y que yo sentía que no estaban quedando registradas. Esa era la bitácora histórica a la que quería dar vida. En algún momento tuve que elegir mi trinchera, tal vez cerca del décimo día de revuelta, en que recuerdo haber estado arrancando por la Alameda de un piquete de Carabineros de Chile y tener la certeza de que la orden era disparar a la cara, a los ojos. En ese momento estaban sucediendo las primeras pérdidas oculares producto de los disparos de los infames balines de los pacos. En ese instante me pregunté si le servía a mi familia con un ojo menos, o dos.  Mi hija hace pocos días había cumplido un año, y vivíamos en 1 de las zonas calientes del estallido social, rodeados de enfrentamientos, incendios y saqueos. En medio del riesgo. Ahí se reafirmó en mí la idea de que mi trinchera iba a ser la escritura y el registro diario de lo que estaba pasando. Desde ese lugar era desde donde podía aportar a la gesta que estaba teniendo lugar por esos días.

 

—¿Cómo fue escribir cada noche una entrada? ¿Lo hiciste como un catalizador? ¿Fue una forma de controlar la ira por todo lo que estaba pasando? 

—El escribir noche a noche fue un catalizador de lo que estaba pasando, y una forma de procesar todo lo que se estaba viviendo. Tenía la necesidad de dejar testimonio de lo que vivíamos y la fuerte sensación de que no había un lugar donde todo estuviera quedando escrito. Me dije: «Quizás no soy la pluma más fina para hacerlo, pero soy un tren. Tengo la constancia y la fortaleza para escribir día a día y no detenerme mientras esto dure». Y no me equivoqué, los que estaban haciendo algo parecido fueron cayendo en el camino agotados, y yo seguí hasta el último día qué duró la primera fase del estallido social, que fueron casi seis meses. Este libro por razones de edición recoge los primeros 100 días del estallido social, pero yo escribí hasta el último día. Fueron 175 días ininterrumpidos de lucha y de escritura diaria, y me detuve el 9 de abril del año 2020, cuando me di cuenta de que estaba escribiendo otra bitácora distinta: la de una pandemia. La bitácora la escribí en medio del fuego, de los gases. Huyendo de la ciudad junto a mi hija y mi pareja cuando mi calle amenazaba con ser incendiada por completo. Tirado en una esquina del departamento por miedo a las balas locas o a que alguna esquirla atravesara el aire. Rodeado por los fuegos de las barricadas durante las noches.

—¿Volviste a editar los textos o quedaron tal cual fueron escritos la primera vez? ¿Por qué? 

—Los textos fueron editados con el tiempo, pero básicamente por los editores, Paula Gaete e Ismael Rivera. Fueron editados para cuidar la veracidad de la cronología temporal, los errores ortográficos por el fragor de la escritura, y pulir los excesos del narrador, el Bagdad, quién narra desde su incendiaria perspectiva todo lo sucedido en los primeros 100 días del estallido social, y levanta su plegaria a la Virgen de la Revolución. Yo a propósito no quise editar los textos, y decidí no cambiar nada medular, ya que no me interesaba hacer ensayos sobre el estallido social desde la comodidad de la distancia y la reflexión. Los textos se mantienen cómo fueron publicados en su momento a través de Facebook, que fue el medio por el cual esta plegaria se escribía día a día y llegaba a los lectores, cuando las redes sociales se volvieron un medio de denuncia y de visibilización de lo que estaba pasando. La idea era preservar la urgencia, y el espíritu con el que fueron escritos en esos días agitados y rabiosos.

—Las cien entradas que presenta fueron escritas cada noche de la revuelta de octubre. Hubo un ejercicio diario en el que se palpan las entrañas de un Chile revolucionario y herido, ahora que han pasado casi 3 años de ese proceso, ¿cómo crees que envejeció tu texto?  ¿cómo crees que envejeció la protesta social? 

—Creo que el texto envejeció bien como el reflejo de un momento histórico. Plegarias a la Virgen de la Revolución no busca ser un análisis a posteriori de esos días, sino una bitácora caliente de esos días. Un diario de ruta que huele a parafina, sudor, sangre y esperanza, y que está escrita desde la emoción, desde las tripas revueltas. En ese sentido es un fiel reflejo de lo que se vivió en esos días, obviamente desde una de las ópticas existentes, la de los guerreros de la revolución de octubre. Me ha tocado hablar con personas que pelearon en las calles por esos días y han leído el libro. Ellos me dicen que les cuesta leerlo sin que se les llenen los ojos de lágrimas. Que es un libro que por momentos les quita el aliento, ya que los vuelve a trasladar al espíritu de esos días, a la ilusión y al horror de lo vivido.

—Me parece que el pueblo de Chile se fue quedando sin referentes políticos. Se fue quedando ausente de héroes y paradigmas, dentro de ese vacío aparece la Virgen de la revolución a la cual rezarle. Creo que el guiño va hacia esa ausencia. 

—La Virgen de la Revolución en primera instancia es literal. En medio del caos que estábamos viviendo en zona cero, con el corazón en carne viva, mirando a nuestra pequeña hija crecer, yo, que me declaraba un escéptico total, me vi en la necesidad de hablarle a alguien y orarle. En mi casa había una imagen de la Virgen de Guadalupe, que le traje a mi pareja de un viaje que hice a México, al que fui invitado a un Congreso de cómics político, llamado FILO, en el que participamos junto al ilustrador Quique Palomo, presentando nuestra novela gráfica El Golpe, de Pehuén editores. Esa virgen estaba encima de un librero y yo comencé a orarle por esos días, a encenderle velas después de cada jornada, en la que mi edificio estaba envuelto por las llamas, los gases las bombas lacrimógenas, el humo y los enfrentamientos. Esa imagen de la Virgen a la que le rezaba terminó marcando la estructura del libro, y la extrapolé a una Santa Protectora de los guerreros. Aunque concuerdo con el hecho de que no había referentes claros dentro del movimiento, y por eso precisamente fue que surgió un imaginario ficticio de referentes, como la Virgen de las barricadas, el perro mata pacos, y tantos otros.

—¿Crees que de ganar el apruebo es el fin de la revuelta de octubre?

—Mi sensación es que incluso ganando el apruebo nunca se va a apagar del todo la chispa de la revuelta de octubre. A veces estará presente como una chispa, y en momentos históricos más coyunturales se volverá un fogón que amenazará con quemarnos. Hay un antes y un después clarísimo en la historia reciente del país marcado por el estallido social.

—¿Cómo crees que se ha comportado la literatura chilena ante el estallido social? 

—No tengo claro cómo se ha manifestado el estallido social en la literatura chilena contemporánea.  Conozco algunos libros de fotografía que dejaron testimonio visual de lo sucedido en esos días. Sé que se han publicado libros de crónicas sobre el estallido social, yo mismo estoy publicando este libro de crónicas, y tengo una novela de ficción que se enmarca en el período histórico del estallido social, dónde distintos personajes que viven a la sombra del oasis de Sudamérica terminan encontrándole sentido a sus desdichas en lo sucedido desde el 18 de octubre del año 2019 en adelante. Pero no tengo una visión global del fenómeno.

—¿En qué te encuentras trabajando actualmente? 

Estoy en un período de frenesí creativo. Como te comentaba terminé hace poco esta novela que tiene lugar dentro del período del estallido social, y estoy buscándole su lugar. Además, acabo de terminar una novela corta infantil que publicará Pehuén editores, y que espero dé vida a una saga literaria. Además, estoy comenzando un libro de cuentos enmarcado dentro de la pandemia y que trata de distintos personajes que terminan perdiendo la cabeza en medio de esta locura universal, dónde todos hemos perdido un poco la cordura. También estoy trabajando junto a Colectivo 2020 Teatro, con Carol Aragon, directora y mi pareja, en un proyecto de teatro testimonial de ficción, un proyecto tremendamente potente junto a un elenco ciudadano de tercera edad y un equipo multidisciplinario de jóvenes artistas. Una obra experimental que esperamos estrenar hacia fines de año.

Joaquín Escobar
Joaquín Escobar (1986). Escritor, sociólogo y magíster en literatura latinoamericana. Es autor de los libros de cuentos Se vende humo y Cotillón en el capitalismo tardío, ambos con la editorial Narrativa Punto Aparte.
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